Un cuento para adulto de José Antonio Espinosa
Historia de un minuto
Un segundo, hay un lugar
Dos segundos, ¿en dónde? Tierra, agua cielo o mar.
Tres segundos, una chispa surge y sale el sol, hay un lugar en tu corazón.
Cuatro segundos, una vida que te espera y un camino para el que te quiera, antes de correr hay que andar, si tu quieres te ayudamos a caminar.
Cinco segundos, un paso a la libertad y si hay un lugar.
Seis segundos, un pulpo de corazones crecerá y por el mirar del tiempo verdes tallos nacerán a su libertad, a lugar.
Siete segundos Hombre del Mundo no te oye nadie gritar y por eso hay un lugar.
Ocho segundos, del bebé al infante y basta un suspiro de aquí y allá.
Nueve segundos, Tierra y libertad dadme alas para no volar, paz no somos nunca más.
Diez segundos, hay un lugar, busca la verdad
Once segundos, Infante a moldear horno de deseo y sueño te ha de calentar.
Doce segundos, atrapado ya estas, pero hay un lugar
Trece segundos, a la vuelta de la esquina el ti mismo te ha de mirar, Detrás de tu nariz el universo no deja de avanzar.
Catorce segundos, y de cierto hay un lugar
Quince segundos, sale el corazón, te lleva y vamos allá
Dieciséis segundos, ¿Dónde estás? Buscándote sin querer estar y mira hay un lugar
Diecisiete segundos, un camino que labrar en el desierto de la mente te has de mirar
Dieciocho segundos, y si hay un lugar la puerta del tú mismo se abrirá y con el desierto de la mente te has de topar
Diecinueve segundos, la lanza del deseo ya no la sentirás.
Veinte segundos, hay un lugar, construida la casa a medias estás.
Veintiuno segundos, es sueño es visible ya noche y día, ya nadie lo pensará.
Veintidós segundos, el mundo ya no es el mundo quien puede ver tras la piedra de jaula artificial.
Veintitrés segundos, hay un lugar incluso dentro de la piedra de jaula por atravesar.
Veinticuatro segundos, vamos allá toda una vida en un instante se a de dar, cada día se repite una y otra vez sin parar.
Veinticinco segundos, ya son cuatro pasos y nada hasta ahora has visto en desierto de la guerra y la paz.
Veintiocho segundos, surca el cielo y tierra una búsqueda que nunca terminará.
Veintinueve segundos, detrás de tu nariz, todo encontraras.
Treinta segundos, hay un lugar
Treinta y uno segundos, parece un paso más firme pero en el sueño aun estás despierto, ¡despierta ya!
Treinta y dos segundos, hay un lugar la rutina puede embaucarte y te ha de despistar.
Treinta y tres segundos, todo es posible si hay un lugar, de hecho así es, hay un lugar.
Treinta y cuatro segundos, pasaran los trenes pero no es el final.
Treinta y cinco segundos, vamos otra vez que no es para demorar.
Treinta y seis segundos, sueña el sueño, arboles del bosque que un día caerán.
Treinta ocho segundos, Mira en el espejo y no hay nada en realidad, el reflejo de los sueños siempre nos engañan sin cesar.
Treinta y nueve segundos, pero hay un lugar detrás de tu nariz todo encontraras.
Cuarenta segundos, el peso de las columnas, las rocas acumulados vacio sobre vacio polvo cubrirán.
Cuarenta y uno segundos, hay un lugar no hay que dudar, la confusión rápido crece cuando la demora te hace esperar.
Cuarenta y dos segundos, nos crecerán alas cuando abandonemos nuestra identidad.
Cuarenta y tres segundos, hay un lugar porque hay un no tú y un no yo. Un todo es uno y todo es todo.
Cuarenta y cuatro segundos, basta ya de especular, hay un lugar visible en la hormiga tan grande como una inmensidad Tan pequeño como microbio te los puedes esperar.
Cuarenta y cinco segundos, las grietas ya aparecerán pero la cueva siempre vacio parece estar.
Cuarenta y seis segundos, hay un lugar, el empeño de acular no cesa no hay quien lo pare ya.
Cuarenta y siete segundos, el ciego no es ciego el sordo no es sordo el mundo no es mundo ¿quién me comprenderá?
Cuarenta y ocho segundos, Vamos allá, Hay un lugar, ¿puedes verlo, puedes verlo tú mismo en los demás? Magia!
Cuarenta y nueve segundos, Se puede lograr, basta comprender lo que es de verdad.
Cincuenta segundos, Poco tiempo queda ya pero hay un lugar.
Cincuenta y uno segundos, hasta el tiempo nos ha de engañar.
Cincuenta y dos segundos, No era por la derecha tampoco por la izquierda.
Cincuenta y tres segundos, pero hay un lugar
Cincuenta y cuatro segundos, siempre está ahí pero no es fácil el desierto de los sueños nos seguirá.
Cincuenta y cinco segundos, Puedes, puedes llegar porque hay un lugar.
Cincuenta y seis segundos, el Sol llegara acompañado de la esperanza y todo terminará.
Cincuenta y siete segundos, cansado estas el sueño que atrapa nos desgastará, ¡cuidado!
Cincuenta y ocho segundos, Hay un lugar, un segundo bastará.
Cincuenta y nueve segundos, una puerta se cierra y otra se abrirá.
Sesenta segundos, aun así hay un lugar…
Un Cuento de José Antonio Espinosa
LA PUERTA DEL UNIVERSO
Aquella noche llovía mucho, ríos de lluvia de primavera corrían por las aceras. Vi las tenues luces de la librería antes de llegar a los cines Underground y decidía entrar para escurrirme un poco y tal vez encontrar algo interesante. Me giré hacia el norte de mi mismo y un libro me habló.
Me dijo que la puerta del universo era yo.
En ese momento no comprendí sus palabras pero al cabo de unos instantes supe que mi vida partir de entonces nunca volvería a ser igual.
A la vez que el libro me hablaba me di cuenta que la librería había desaparecido y que a mi alrededor se podía ver un inmenso valle lleno de arboles y al fondo algo que parecía el fin del mundo, galaxias y estrellas lejanas como nubes en la distancia que evolucionaban en un movimiento de aparición y desaparición en una especie de baile sin fin.
El libro entonces dijo la puerta del universo eres tú y pensé. ¿Quién le ha puesto puerta al universo? Cómo decirlo, cómo hacerlo no tiene sentido. Así intenté preguntarle al libro. Y me di cuenta el libro también era yo y que la puerta también era el universo. Entonces lo comprendí todo.
